Pasamos unos días con Eduardo y mis hijos. Escribo tristezas. Una noche se las muestro a Eduardo. Él las aparta con una mueca:
-No tenés derecho -dice. Me enojo.
-¿Cómo que no?
Y Eduardo me cuenta que el viernes bajó a comprar jamón y salame a la fiambrería de la esquina de su casa. La fiámbrera es una gorda que pasa los días cortando embutidos en rodajas, haciendo paquetes, sacando cuentas, cobrando; atiende el negocio sola y cuando llega la noche y cierra la cortina metálica, siente agujas en los ríñones y en las piernas. Eduardo esperó su turno, pidió y pagó. Entonces vio que bajo el cajoncito de la caja había un libro abierto que la fiambrera leía de refilón mientras trabajaba. Era un libro que yo había escrito.
-Ya lo leí varias veces -dijo la fiambrera-. Lo leo porque me hace bien. Yo soy uruguaya, ¿sabe?
Y ahora Eduardo me dice: "No tenés derecho", mientras hace a un lado las cositas lastimeras, quizás mariconas, que yo escribí en estos días.
Eduardo Galeano-Introducción a la literatura